Actualmente internet está inundado de imágenes personales, hay una
necesidad de enseñar continuamente, si no enseñas, no existes. El
apropiacionismo fotográfico consiste en la creación de un nuevo proyecto
fotográfico a partir de otras imágenes creadas por personas ajenas a nosotros y
que son "raptadas" para crear un nuevo proyecto, discurso o serie al
antojo del "raptor". Ya se considera una técnica artística además de
una tendencia en la que algunos fotógrafos han destacado en el mundo del
arte. No solamente tenemos el acceso de
internet, se han probado técnicas como recopilación de fichas policiales,
fotomatones, recortes de periódicos…
En este caso me he limitado a coger fotografías de Flickr (las cuales
están expuestas en la red de manera pública) y no violan los derechos ni
intimidad de nadie. He decidido crear un viaje y a la vez una historia
fantástica con imágenes reales de viajeros en Venecia, consiguiendo una estética
atemporal que me permite fantasear el contexto.
MI VIAJE A VENECIA
El mes pasado mis amigas y yo
decidimos realizar una escapada de ida y vuelta en 24 horas con destino al azar
. Nos sentamos delante del ordenador y buscamos el vuelo más barato que primero
saliera. Para nuestra sorpresa Venecia fue la elegida, pero nuestro vuelo salía
en menos de dos horas. Corriendo cogimos un taxi que nos llevó al aeropuerto.
Por fín nos sentamos en el avión, me encanta que me toque
ventanilla. Estábamos nerviosas y eufóricas, no nos percatábamos de que el
resto de pasajeros nos escuchaban hablar de forma enérgica. No dejamos de
reírnos y decir lo locas que estábamos.
Por fín llegamos a nuestro
destino. Salimos del aeropuerto Marco Polo y un taxi nos llevo hasta lo más
próximo de la ciudad. Eran las 3 de la tarde y teníamos 12 horas para disfrutar de esta ciudad. Mi
misión era mirarlo todo, disfrutar cada instante y fotografiar cada segundo.
Me encantaron sus calles, su
color, y su aire a historia que vuela en el ambiente. Decidimos dar un paseo en
góndola, eso no podía faltar.
Ya eran las 4 de la tarde y la
verdad es que no habíamos comido nada desde que decidimos hacer esta locura,
así que nos fuimos a una pizzería preciosa que estaba vacía por las horas que
eran, pero el camarero fue muy amable y nos atendió de maravilla.
Al salir, algo extraño ocurría,
vimos pasar un grupo de personas vestidos de época todos ellos con máscaras, y
el último del grupo nos hizo señas con las manos para que les siguiéramos.
Las plazas estaban llenas de
personas con máscaras, todo el mundo vestía con ropajes largos propios del
siglo XVIII. Miré a mi alrededor, no había ni un solo turista.
Estuvimos bailando en la calle,
aprendimos bailes de la época. YO no dejé de hacer fotos. Parecía que nos
habíamos trasladado en la máquina del tiempo. Nos invitaban a beber y comer, y
perdimos la noción del tiempo, yo vivía a través de mi cámara, y quería dejar
constancia de todo esto. Ya había anochecido, un apuesto joven nos invitó a
seguirle por unas estrechas calles hasta llegar a una pequeña casa en la que desde fuera podía oírse la música y
las risas de las personas.
Entramos y mientras mis amigas aprendían
la danza típica yo pude fotografiar una serie de personajes de lo más curiosos,
parecía estar en una película de Dartacán .
De pronto sonó el reloj de la
plaza,¡¡ya era media noche!!, todas salimos corriendo y cogimos el primer
carruaje que pasó por la puerta. Es lo último que recuerdo de mi viaje. Después
una azafata me despertó zarandeándome y diciendo: "¡scusi, scusi signorina benvenuti
a Venezia!"
DEBORAH BROCAL VALIENTE










